Leyendo español
EL DESPERTAR
Alessandra Amantea
Todo estaba claro en aquel día. El amanecer surgía con un bonito cielo y los pájaros cantaban una canción alegre, cuando un rayo de sol que atravesaba la ventana despertó a Alicia. La mujer había dormido en el sillón de la sala, después de quedarse casi toda la madrugada intentando finalizar su libro.
Alicia era una escritora típica que cambiaba la mañana por la noche, pero en aquel momento empezó a observar esa parte del día que hacia tiempo no apreciaba. La mañana estaba un poco fría, entonces ella se quedó en el sillón mientras oía los ruidos de las personas corajosas que se atrevían a levantarse tan temprano, el vecino barriendo las hojas secas que caían del árbol y los pasos de los estudiantes todavía perezosos. De pronto se acordó del tiempo de estudiante y del camino hasta la escuela que siempre se volvía en una aventura diaria.
Durante su niñez, Alicia iba a la escuela a pie. El colegio donde estudiaba estaba cerca de su casa. Sin embargo, en esa fase no podía apreciar mucho el paisaje matutino, pues siempre estaba retrasada. Tan pronto como levantaba tenía que salir corriendo a fin de no perder el horario. La escuela del barrio era muy rígida y cerraba los portones tras la campana de la siete y media. Después de que la tocaran nadie más podía pasar, salvo los alumnos cuyos padres autorizaran por escrito.
Algunos años después, en la adolescencia, Alicia cambió de colegio. En esa época la chica tenía que coger autobús todos los días y seguía retrasándose. A pesar de eso admiraba el paisaje a su vuelta. A veces la curiosa estudiante no decía del autobús, pero quedaba en el hasta que diera toda la vuelta. Lo hacía con el objeto de observar los pasajeros y el movimiento de la calle. Imaginaba lo qué cada un hacía, dónde iba, cuáles sus historias personales.
De pronto, un olor de café vino de la cocina, trayéndola de vuelta al presente. En ese instante se dio cuenta de que era su novio que preparaba el desayuno. Al sentir aquel olor se acordó de los días fríos, los cuales sus padres hablaban bajo por la mañana, antes de ir a trabajar y de la seguridad que le pasaban aquellos sonidos.
Alicia tuvo ganas de levantarse: se vistió, desayunó con su novio y salió de casa en búsqueda de aventura, como hacía en el pasado. Mientras caminaba, percibía que ya no estaba más retrasada para ningún compromiso, a no ser lo de vivir. Ella caminaba por la calle, mirando todos sus detalles. No conseguía percibir desde cuándo había dejado aquel mundo “fantástico”. Miraba los niños que iban a la escuela, los obreros, los coches cada vez más numerosos. Percibió que la mañana podía traer esperanza. Tras una larga caminada, la escritora volvió a su casa. Nada más llegar fue al ordenador para terminar su libro. Las vueltas por la calle la inspiraron. Ella concluyó que por muy distinto que el mundo estuviera, el amanecer seguía tan encantador, poético y las personas seguían haciendo las mismas cosas del tiempo de su niñez: buscaban una oportunidad, nuevas aventuras, la felicidad.
A partir de aquel día, Alicia pasó a levantarse temprano y a salir a caminar por la calle como una niña curiosa. Pues, sentía que la felicidad estaba muy cerca de los besos y abrazos del sol.